LAHERTE FRÈRES

"Laherte-Frères" fue fundada en 1889 por Jean Baptiste Laherte. En aquella época, la mayor parte de las viñas se encontraban en Chavost, un antiguo pueblo francés de unos 275 habitantes, situado al suroeste de Epernay y encaramado en una ladera de piedra caliza.
Durante la quinta generación, la de Michael Laerte, la superficie de viñedo aumentó a unas 5 hectáreas y el matrimonio con Cècile Tisser, dio un verdadero cambio en la empresa, fue ella quien asumió la actividad de vigneron con su marido. Hoy en día la gestión se confía a los hermanos Laherte y el más joven de los dos, Aurelien, a pesar de tener poco más de treinta años es sin duda uno de los productores con vocación BIO más emergentes en el panorama del champagne actual.
Laherte-Frères cuenta con unas 11 hectáreas de viñedo repartidas en tres zonas distintas: En el lado sur de Epernay, entre los pueblos de Chavot, Épernay, Vaudancourt, Moussy, Mancy y Morangis, se cultivan las variedades básicas de uva (Pinot Noir, Pinot Meunier y Chardonnay), en la Côte du Blancs, cerca de Vertus y Voipreux, con Chardonnay 1er Cru y, por último, en el Vallèe de la Marne, en Le Breuil y Boursault, plantado enteramente con Pinot Meunier.
Algunos de los viñedos más antiguos (vieilles vignes) tienen más de 70 años y todavía consiguen transmitir la fidelidad y la pureza de cada añada que han vivido.
Estas parcelas de uva se siguen utilizando hoy en día para garantizar la memoria histórica de las viñas.
Como hablábamos de la vocación BIO de Aurelien, las técnicas empleadas son de hecho las más tradicionales y naturales posibles. Por ejemplo, a lo largo del año se administran verdaderas infusiones vegetales para estimular los sistemas de defensa naturales de la vid, se practica un elevado manejo de las hojas para garantizar un perfecto proceso de fotosíntesis y se planifican los tratamientos y la poda en días favorables para dar tiempo a las vides a evitar un estrés excesivo. A menudo, Aurelien y sus colaboradores miran sus viñas y permanecen en silencio, pensando... porque al fin y al cabo, el producto final, el vino, se basa en la sensibilidad y los sentimientos de quienes lo elaboran. Observar, escuchar, oler, tocar y, finalmente, degustar, ¿no son estas las cosas que hacemos cada vez que nos regalamos un buen vino? Pues bien, aquí en Chavot, en Laherte-Frères, hacer vino es un arte que requiere esfuerzo y mucha paciencia, siempre en busca de un equilibrio que respete la naturaleza y la tradición. Una selección única para los verdaderos conocedores. "
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